Criterios para la utilización didáctica del vídeo
1. Una adecuada utilización didáctica del vídeo exige un cambio en las estructuras pedagógicas.
Integración del vídeo a la enseñanza: O se acepta la nueva tecnología con toda su capacidad innovadora asumiendo la transformación de todo el sistema educativo o se domestica despojándola de sus virtualidades innovadoras y poniéndola al servicio de la vieja pedagogía.
2. El vídeo no sustituye al profesor, pero impone cambios en su función pedagógica
El vídeo puede liberar al profesor de las tareas más serviles, permitiéndole ser sobretodo pedagogo y educador. Las tareas más mecánicas, como impartir conocimientos o transmitir información quedarían confinadas a las nuevas tecnologías, reservándole al maestro las tareas más específicamente humanas: motivar conductas, orientar el trabajo del alumno, resolver sus dudas, atenderles según el nivel de aprendizaje. (Profesor-informador y alumno-oyente Vs Profesor-animador y alumno-investigador)
3. Una adecuada utilización didáctica del vídeo exige una formación especifica
Más allá de la preparación técnica, tecnológica, expresiva y didáctica, hay un problema de sensibilidad, una adaptación a una nueva cultura, a una nueva manera de ser y de comunicar.
4. El uso didáctico del vídeo no sustituye a los demás medios audiovisuales, pero modifica su función.
Cada contenido exige un tratamiento determinado y, en consecuencia, la utilización de determinados medios. El vídeo es simplemente uno de ellos. Cada medio de comunicación si sus condiciones se aprovechan adecuadamente, revela y comunica un aspecto único de la realidad, de la verdad, ofrece una perspectiva diferente.
5. La utilización didáctica del vídeo no debería anular las experiencias directas por parte de los alumnos.
Se trata de partir de la realidad para llegar con mediación del vídeo, nuevamente a ella. Aunque la experiencia diferida es siempre menos rica que la directa, aquella ofrece ventajas que pueden servir como compensación.
6. La tecnología del vídeo es ambivalente. Su eficacia educativa dependerá del uso que se haga de ella.
Ningún instrumento puede hacer revolución por sí mismo. El vídeo aporta nuevas posibilidades al entorno escolar, pero al mismo tiempo es configurado por ese entorno. Se establece una interacción dialéctica con resultados inciertos. Puede utilizarse para perpetuar estructuras de poder o para crear estructuras de participación.
7. A menudo en el uso didáctico del vídeo debería importar más el proceso en sí que el producto acabado.
Reducir el uso didáctico del vídeo al visionado de programas supone una castración de las posibilidades expresivas y didácticas del medio. El programa de vídeo puede convertirse en vídeo-apoyo, puede realizarse a un ritmo individual para el aprendizaje individualizado, puede descomponerse para dar lugar a un nuevo mensaje.
8. El vídeo ha de entenderse como una forma de expresión especifica, autónoma e independiente.
Nuestra cultura oficial trata de obligar a los nuevos medios de comunicación a realizar el trabajo de los antiguos. Abordamos la nueva época con el condicionamiento psicológico y las respuestas sensoriales de la antigua, sin tomar en cuenta de que cada medio de expresión desarrolla unas aptitudes particulares y unas facultades intelectuales específicas.
9. La eficacia del uso didáctico del vídeo será mayor cuanto más se ponga en manos del alumno la tecnología.
El vídeo funciona como un instrumento de poder, poder para mirar a los demás e interpretarlos. Quien posee los instrumentos de reproducción de la realidad posee el control sobre la realidad.
La tecnología del vídeo solo será auténticamente liberadora si se pone en manos de los alumnos para que puedan investigar, autoevaluarse, conocer y conocerse, descubrir nuevas posibilidades de expresión, hacer experiencias de grupo en un esfuerzo de creación colectiva, experimentar y experimentarse…
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